El Verde mueve sus fichas… y algunos ya preparan su “Grito” de independencia
Por El Gato Maya
La próxima semana Quintana Roo tendrá, por fin, al candidato de Morena, perdón, al “coordinador de la defensa de la Cuarta Transformación”. La decisión, dicen, será sí o sí, inmediatamente después del informe de la gobernadora Mara Lezama y antes del día 15 y ahí sí empezará lo bueno: unos lo gritarán a los cuatro vientos, otros pondrán el grito en el cielo y alguno que otro, fiel a la tradición política nacional, podría aprovechar septiembre para proclamar su propia independencia.
Qué bonito: primero querían ganar la coordinación y, si no se puede, pues ¡Viva México!
Porque en política la derrota nunca se llama derrota. Se llama dignidad, congruencia, principios, proyecto propio o cualquier otra palabra suficientemente elegante para disfrazar el berrinche.
Pero mientras llega el anuncio, Morena sigue entretenido en uno de sus deportes favoritos: morderse entre ellos mientras aseguran que todos son compañeros. Rafa Marín, Gino Segura, Mara Lezama, Ana Paty Peralta y Marybel Villegas aparecen en medio de una creciente colección de ataques, filtraciones, descalificaciones y campañas negras que ya parecen más una serie de intrigas políticas que una disputa interna.
Y aquí este viejo Gato Maya empieza a hacerse una pregunta bastante incómoda: ¿quién está disfrutando realmente este espectáculo?
Porque mientras los morenistas se arrojan los platos, alguien podría estar tranquilamente contando cuántos quedan enteros.
La sospecha inevitable apunta hacia el Verde, particularmente hacia el famoso búnker de Jorge Emilio González, “El Niño Verde”.
¿Que si desde ahí se está alentando la división?. No hay pruebas públicas para afirmarlo, y este gato podrá ser malicioso, pero tampoco trabaja de adivino ni de fiscal; Sin embargo, como hipótesis política, la pregunta tiene su gracia: si Morena se debilita solo, ¿para qué gastar pólvora enfrentándolo?
Tal vez el negocio político no sea tumbar a Morena, sino dejar que Morena se desgaste lo suficiente para que mañana necesite al Verde mucho más de lo que el Verde necesite a Morena.
¡Ahí está el truco!
Porque una alianza es muy bonita mientras todos creen que son socios. El problema comienza cuando uno de los socios descubre que, además de compartir la mesa, también quiere quedarse con las llaves del restaurante.
Y en esa fotografía aparece Gustavo Miranda con Movimiento Ciudadano. No porque exista una prueba pública de que esté siendo preparado para una operación o alianza determinada, sino porque si el Verde pretende aumentar su peso político en Quintana Roo, necesitará nombres propios, estructura propia y capacidad propia para cobrar la factura cuando llegue la hora de negociar.
Mientras tanto, en Morena pueden seguir discutiendo quién traicionó a quién, quién filtró qué, quién habló con quién y quién dejó de contestar el teléfono. Todo eso es extraordinariamente útil… para alguien que esté observando desde afuera.
Porque cuando un partido se pelea consigo mismo, el adversario ni siquiera necesita atacar. Le basta con vender palomitas.
Y por eso el verdadero espectáculo comenzará después del famoso anuncio del “coordinador”. Habrá que ver quién brinca de felicidad, quién aprieta los dientes, quién desaparece estratégicamente de las fotografías y quién empieza a descubrir, justo en septiembre, que sus convicciones políticas son demasiado profundas para continuar compartiendo techo con sus antiguos compañeros.
No sería raro. En México hemos visto suficientes “independencias” políticas como para saber que algunas empiezan con un discurso patriótico y terminan con una candidatura bajo el brazo.
Y mientras todos estén ocupados preguntándose quién ganó la candidatura, perdón, la coordinación, quizá alguien más esté haciendo una pregunta bastante más rentable: ¿quién controlará el poder cuando termine esta pelea?
Ahí es donde la lectura cambia, porque quizá la jugada no consista en sacar a Mara Lezama del tablero, sino en mantener una relación conveniente con el gobierno mientras se mueve lentamente el tablero alrededor de Morena.
Esto sería mucho más fino, más paciente y, por supuesto, aquí viene la pregunta inevitable: ¿qué haría Maquiavelo?
Pues seguramente no se metería a repartir cachetadas en la plaza pública. Para eso ya hay voluntarios, mejor esperaría tranquilamente a que los demás se despedazaran, tomaría nota de quién quedó resentido, quién quedó fuera, quién necesita una nueva casa política y quién está dispuesto a cambiar de camiseta con tal de seguir jugando.
Después, cuando todos terminaran agotados, llegaría muy sonriente a ofrecerles una alianza, una salida, una negociación… y quizá hasta una silla.
Claro, una silla muy cerca de la cabecera.
Por eso, después del día 15, habrá que mirar menos quién levanta los brazos y más quién empieza a recoger los pedazos.
Porque si Morena sale fracturado, algunos descubren súbitamente su espíritu independentista, el Verde aumenta su margen de maniobra y Gustavo Miranda comienza a ocupar espacios que antes parecían reservados para otros, quizá estemos viendo algo más que una simple disputa interna.
Quizá estemos viendo el viejo arte de dejar que el enemigo se cocine en su propia salsa.
Y como diría este viejo y maquiavélico Gato Maya: en Quintana Roo el poder es como el calor del Caribe: nadie lo ve, pero todos saben quién lo siente.
Mientras Morena se achicharra en su propia disputa, algunos preparan su “Grito” de independencia y otros se hacen los distraídos bajo la sombra de una palmera, el Verde podría estar esperando la marea correcta para entrar hasta la cocina.
Porque en política tropical no siempre gana el que hace más ruido, ni el que presume más músculo, ni el que aparece más veces en la fotografía. Gana el que sabe esperar a que baje la marea, contar los votos y quedarse con el control del muelle.
Y si al final de esta temporada de huracanes políticos Morena termina hecho un archipiélago, habrá que preguntarse quién estuvo pescando mientras todos se peleaban por la red.
Porque aquí, en este Caribe de aguas aparentemente tranquilas, los cocodrilos rara vez hacen ruido antes de moverse… y cuando uno finalmente asoma la cabeza, casi siempre es porque ya sabe exactamente dónde está la presa.





