Isla Mujeres: al dedazo le cambiaron el perfume… pero sigue oliendo a imposición

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En Isla Mujeres vuelve a respirarse ese viejo olor que la política mexicana nunca ha logrado quitarse de encima. Le cambian el envase, le ponen etiquetas elegantes como “unidad”, “consenso” o “proyecto”, pero al destaparlo sigue siendo el mismo perfume rancio de siempre: el dedazo.

Por El Gato Maya 🐾

Y cada vez que ese aroma invade el ambiente, este viejo Gato Maya estornuda. No por alergia, sino porque ya conoce demasiado bien ese libreto donde unos cuantos deciden por todos y luego pretenden vender la imposición como si fuera una muestra de democracia.

Dicen los enterados —y los enterados casi siempre hablan bajito porque el poder tiene oídos y memoria— que en las alturas ya dan prácticamente por hecho que el secretario de Salud, Flavio Carlos Rosado, será el elegido para competir por la Presidencia Municipal de Isla Mujeres.

Y aquí conviene hacer una aclaración para evitar que luego salgan los ofendidos de siempre: el problema nunca ha sido Flavio, sino esa obsesión enfermiza de algunos por creer que un nombramiento desde una oficina vale más que años de trabajo construyendo liderazgo entre la gente.

Porque mientras unos se desgastan caminando colonias, escuchando vecinos, gestionando apoyos y dando la cara todos los días, otros parecen convencidos de que una llamada desde Palacio puede sustituir una vida entera de trabajo político.

La historia, sin embargo, suele ser bastante cruel con los arquitectos del dedazo. Las imposiciones pueden fabricar candidatos… pero rara vez fabrican líderes.

Podrán bautizar la maniobra como “disciplina”, “estrategia”, “unidad” o cualquier otro eufemismo de moda. Da lo mismo porque cuando una candidatura baja por elevador desde la cúpula, en lugar de subir caminando desde la ciudadanía, el maquillaje político dura exactamente hasta que se abre la primera urna y ahí los votos suelen tener la mala costumbre de arruinar los guiones escritos desde el escritorio.

Mientras tanto, en la fila de los aspirantes aparecen nombres como “El Chato” Bacelis, Édgar Gasca y quien hoy muchos consideran el perfil con mayor arraigo político: el síndico municipal Pepe Aguilar.

Pepe podrá despertar simpatías o críticas —porque en política nadie es monedita de oro—, pero hay algo difícil de discutir: su carrera nació en Isla Mujeres y ha crecido bajo el escrutinio cotidiano de los isleños.

No llegó en una ambulancia política procedente de Chetumal, no aterrizó en helicóptero electoral, ni necesita instructivo para saber dónde queda una colonia y mucho menos requiere que alguien le presente a la gente, porque la gente ya sabe perfectamente quién es.

En cambio, alrededor de Flavio pareciera construirse una candidatura sostenida más por el entusiasmo de quienes lo impulsan desde arriba que por el entusiasmo que despierta abajo y cuando eso ocurre, los focos dejan de ser amarillos para empezar a ponerse color naranja.

Porque los ciudadanos pueden aceptar candidatos pero lo que cada vez aceptan menos son candidatos prefabricados y ahí aparece otro de los grandes errores de la política contemporánea: confundir currículum con liderazgo.

Hay quienes creen que administrar hospitales convierte automáticamente a cualquiera en experto para gobernar municipios.
¡Hágame usted el recanijo favor!.
Si esa lógica fuera cierta, el director de un aeropuerto ya estaría listo para pilotear el avión presidencial y el gerente de una gasolinera sería candidato natural a dirigir Pemex.

Pero gobernar personas nunca ha sido lo mismo que administrar oficinas.
Un cargo otorga autoridad administrativa pero el liderazgo lo presta la gente y cuando la gente decide retirarlo, no existe padrino político que alcance para sostenerlo.

Por eso este viejo Gato Maya, que ya gastó varias de sus vidas viendo cómo se reciclan los mismos errores con distinto logotipo, insiste en algo que debería ser de sentido común: Isla Mujeres no necesita un candidato importado ni un alcalde empacado al vacío desde la capital, sino a alguien que conozca el olor del muelle antes del amanecer; que entienda la incertidumbre del pescador cuando escasea la captura; que haya recorrido la Zona Continental sin GPS político y que comprenda que el turismo no es una estadística, sino el sustento de miles de familias.

Pero, -aunque usted no lo crea- hay estrategas que siguen convencidos de que la ciudadanía sólo existe para aplaudir decisiones previamente tomadas. ¡Qué ternura!.

Después se indignan cuando las urnas les recuerdan la única encuesta que nunca falla: los dedazos designan candidatos, pero sólo el pueblo decide quién merece gobernar; porque el liderazgo se construye, la confianza se gana y el respeto nunca se impone.