El marat�n de Roma ha contado este domingo con un corredor ins�lito: un cardenal de la iglesia, el franc�s Jean-Paul Vesco, que se ha unido a miles de atletas para recorrer las calles de la ciudad y, de paso, superar su marca personal.
Vesco (Lyon, 1962) es conocido como el cardenal maratoneta dada su pasi�n por dicho deporte y, aunque en el pasado se le ha visto entrenar por las calles de Roma, ahora se ha animado a la conquista de la carrera anual de Roma, el epicentro del catolicismo mundial.
La competici�n ha empezado esta ma�ana a los pies del Coliseo y ha transcurrido a lo largo de 42,195 extenuantes kil�metros, pasando por los principales puntos de la Ciudad Eterna hasta concluir en el Circo M�ximo, el vestigio de un antiguo estadio imperial.
El purpurado se ha calzado las zapatillas, ha vestido las mallas y la camiseta con su dorsal y los colores blanco y amarillo de la bandera vaticana y ha echado a correr con las otras 32.000 personas de medio mundo inscritas este a�o al evento.
El objetivo, bajo un cielo que amenazaba lluvia, era disfrutar de este deporte, pero tambi�n superar su marca personal, de 2 horas, 53 minutos y 38 segundos lograda en la marat�n de Nueva York en 1989.
Sorpresas del destino
El prelado siempre fue un apasionado del running y, de hecho, de muy joven so�aba con convertirse alg�n d�a en un atleta profesional, especialmente de cross… pero el destino le deparaba sorpresas.
Vesco acabar�a estudiando Derecho y ejerciendo como abogado en un despacho de Par�s hasta que sinti� la vocaci�n sacerdotal durante una misa en 1994 y decidi� tomar el h�bito blanco de la Orden de los Predicadores, los dominicos.
Ordenado sacerdote en 2001, fue despu�s enviado como misionero a Argelia, donde tiene nacionalidad. En 2012 se le nombr� arzobispo de Or�n y tres a�os despu�s de Argel. Hasta que en 2024, el papa Francisco le elev� al mayor rango eclesi�stico, el cardenalicio.
Por eso Vesco fue uno de los cardenales electores -y de los m�s j�venes- que participaron en el c�nclave que el pasado mayo eligi� al nuevo papa, Le�n XIV, tambi�n reconocido aficionado del deporte, especialmente del tenis.
Correr como terapia
En la v�spera de la carrera, el cardenal y arzobispo de Argel ofici� una misa en la c�ntrica iglesia de Ara Coeli para bendecir a los atletas participantes y en su homil�a reflexion� sobre la importancia del deporte, tanto f�sica como espiritualmente.
“La carrera ocupa un lugar importante en la vida de cada uno y cada una de nosotros. Es un deporte, pero a�n m�s que eso, parece una terapia ya que contribuye en gran medida a nuestro equilibrio de vida. Sabemos lo dolorosos que son los periodos de lesi�n, y cu�nto nos desestabilizan. Pero la carrera, y la marat�n en particular, es sobre todo una escuela de vida”, afirm�. Sobre todo porque la belleza de este desaf�o f�sico reside en que “ense�a la unidad”.
“Ma�ana no correremos unos contra otros sino unidos con los dem�s, afrontando los kil�metros juntos, cada cual a su ritmo. No hay muchas competiciones en que se sea solo compa�eros, no rivales”, medit�.
Como prueba de ello, el purpurado confes� que correr�a junto a su “amigo y hermano” argelino Khaled, que padece c�ncer desde una d�cada: “Es mi h�roe”, reconoci�.
Terminada la misa, el cardenal bendijo a los presentes, decenas de atletas de distintos pa�ses del mundo, y despu�s rez� con ellos la ‘Oraci�n del Maratoneta’.
La ‘Atletica Vaticana’
Pero en la carrera romana el cardenal no ha estado solo sino que corri� con el equipo de la Atl�tica Vaticana, integrada por religiosos, funcionarios o ciudadanos del peque�o estado pontificio.
Entre ellos hab�a seis miembros de la Guardia Suiza, el ej�rcito que protege a los papas desde hace siglos, y la monja francesa sor Marie-Th�o, conocida como la maratoneta de Dios.
La competici�n tambi�n ha bordeando la plaza de San Pedro del Vaticano, donde miles de fieles esperaban las palabras del papa Le�n XIV por el �ngelus desde la ventana del Palacio Apost�lico.
Nada m�s rezarlo, el pont�fice estadounidense se refiri� al marat�n que pasaba bajo sus dominios para destacarlo como un ejemplo de convivencia por las m�ltiples nacionalidades de sus atletas.
“Esta es una se�al de esperanza. �Que el deporte pueda trazar senderos de paz, inclusi�n social y espiritualidad”, proclam� el papa.





