Las polillas Bogong siguen las estrellas como si fuesen los Reyes Magos

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Cada año se repite la tradición. Atraídas por la luz de las estrellas, las polillas Bogong (Agrotis infusa) recorren más de 1000 kilómetros para refugiarse del implacable calor del verano australiano. Durante semanas, cuatro mil millones de polillas vuelan de noche, atraviesan pastos, montes y llanuras, y, sin GPS ni mapas, todos los años son capaces de hallar la sierra de Snowy, al sudeste del subcontinente.

Allí, los lepidópteros se irán posando en las paredes y el techo de las cuevas, creando un manto que teñirá de marrón las superficies durante los próximos 4 meses. Cuando las temperaturas bajan, las polillas emprenden el viaje de vuelta al lugar del que partieron; otra travesía de 1000 kilómetros para volver al hogar.

 

Polillas Bogong en la pared de una cueva
Prof. Eric Warrant

Las polillas Bogong posadas en la pared de la cueva. Lo que parecen escamas son las alas de las polillas.

Este viaje lleva décadas fascinando a los entomólogos, ya que parece imposible que unos insectos con el cerebro 10 veces más pequeño que un grano de arroz tengan tamaña capacidad de orientación. Sin embargo, gracias a una investigación llevada a cabo por la Universidad de Lund, ahora sabemos que el secreto de las polillas está en las estrellas. Concretamente en aquellas de La Vía Láctea.

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