Por Luis Mis – Gato Maya
Dicen que en el Congreso de Quintana Roo las cosas han cambiado. Antes —según palabras del propio diputado Jorge Sanén, líder de la bancada de Morena— los legisladores se echaban unos rounds de telenovela barata para encarecer su voto y salir, muy dignos ellos, con su famoso sobre amarillo. Una “función especial” sin talento, pero con excelente taquilla… para ellos.
Quedaron atrás aquellas gloriosas épocas donde los legisladores se peleaban de mentiritas, una especie de Lucha Libre AAA, pero sin máscaras… y con más mañas.
Hoy, asegura el diputado de la justicia social, aquello ya es historia. Y que si ahora el Congreso aprueba rápido lo que manda el Ejecutivo, no es porque anden mansitos como gatitos mojados, sino porque están alineados para trabajar “en serio”.
Dice Jorge Sanén que ya no hay circo, ya no hay pelea, ya no hay gritos.
¿Por qué?
Porque ahora todos están coordinados. Coordinados, eh. No mansitos. No obedientes. Coordinados, como cuando los gatos se ponen de acuerdo para no romper más macetas… pero rompen la maceta igual.
Sanén defiende que ya no hay pleitos ficticios ni regateos de última hora. Y ojalá tenga razón, porque que se acabe el negocio del sobre amarillo sería motivo de aplausos. Si es que realmente terminó. Porque aquí, en esta tierra caliente, dicen que el dinero nunca muere: sólo cambia de dueño… o de color.
Antes, en esos “buenos tiempos” de la simulación legislativa, los pleitos se actuaban peor que una radionovela de bajo presupuesto. Hoy ya ni se esfuerzan en fingir: votan sin rodeos, sin drama y sin discursos eternos. Tal vez eso sea un avance. O tal vez sólo es silencio… del conveniente.
Pero el buen Sanén insistió que no es docilidad, que es “coordinación”, que es “trabajo en equipo”.
Y yo le creo.
Pero conviene recordar que la democracia no se alimenta de coordinación: se alimenta de debate, de transparencia y de garras cuando hace falta.




