La izquierda de Cancún y su justicia social… de papel

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Por Luis Mis – Gato Maya🐾

El próximo 15 de noviembre, desde las 5 de la tarde, saldrá una marcha “pacífica” del Parque del Crucero rumbo al Palacio Municipal de Cancún para exigir la revocación de mandato contra el actual régimen.

Dicen que será una manifestación del pueblo. Pero habría que preguntar: ¿del pueblo que marcha o del pueblo que no tiene ni para el pasaje?, o sea los que viven allá en las colonias del olvido y que siguen esperando que les revoquen… pero el abandono.

Porque hablar de izquierda y justicia social en Cancún es como venderle bloqueador al sol: un negocio absurdo, pero muy rentable para los que ya viven bronceados por el poder.

Aquí, los “revolucionarios” visten guayabera de lino, huelen a loción francesa y se trasladan en camionetas blindadas, mientras ensayan discursos sobre el sufrimiento del pueblo con aire acondicionado y chofer.

Y si no me creen, vayan por la salida a Mérida, del lado norte del ejido Alfredo V. Bonfil, donde la vida sigue oliendo a drenaje abierto, polvo y promesas rancias.

Ahí están asentadas, desde hace muchísimos años, 413 colonias irregulares, muchas con más de 30 años de existencia, donde sobreviven más de 40 mil personas con credencial de elector, suficientes para ganar una elección… pero no para merecer una calle pavimentada.

No hay luz, no hay drenaje, no hay justicia. Pero eso sí: sobran los hashtags, las selfies, las casas de gestión y los discursos “inclusivos” aunque sólo en redes sociales.

La izquierda cancunense inventó un nuevo tipo de lucha: la revolución de escritorio. Hablan del pueblo, pero no lo visitan; presumen empatía, pero solo en horario electoral; juran servir, pero no al prójimo… sino al presupuesto.

Y ahí los vemos: los mismos de siempre y otros autoproclamados “luchadores sociales”, repartiendo cargos, contratos y sonrisas de utilería, mientras miles de familias siguen bañándose con cubetas y alumbrándose con velas como si fueran parte de un reality de supervivencia.

No hay transformación, hay teatro.
No hay cambio, hay maquillaje.
Y si la justicia social fuera perfume, aquí sólo olería a hipocresía.

En Cancún, la “izquierda” no es un movimiento: es una marca registrada, propiedad de unos cuantos que aprendieron a monetizar el sufrimiento ajeno.

Su discurso se enciende en campaña y se apaga con los aplausos del informe. Y como el pueblo ya se acostumbró a la pobreza, la injusticia dejó de doler… y hasta da flojera indignarse.

Así que antes de seguir gritando consignas sobre revolución y cambio social, sería bueno también que los nuevos libertadores visiten la colonia Chiapaneca, Avante, Milagros, Tres Reyes y todas esas etcéteras del abandono, donde los discursos no alumbran ni una vela, y las promesas se deshacen con la primera lluvia.

Ahí, donde no hay bandera ni ideología, la verdadera lucha tiene otro nombre: agua, luz, drenaje, dignidad.

Y mientras unos marchan por la “revocación de mandato”, el pueblo marcha todos los días… pero al Oxxo, al pozo o al monte, porque el gobierno jamás llegó.

Esta es la izquierda que Cancún necesita: la que se ensucia los zapatos, no la que los lustra para las fotos.

La que no habla de justicia social, sino que la practica sin micrófono ni presupuesto.

La que no necesita un mitin para saber que el pueblo está cansado… porque vive con él.

Por esto, mientras los del régimen se siguen arropando con la bandera del cambio y se echan aire con el abanico del cinismo, el pueblo —el que suda, el que resiste, el que vota— se está preparando para marchar, no por ideología, sino por dignidad.

Porque mientras los que se dicen del pueblo sigan durmiendo en sábanas de seda y soñando con 2027,
la justicia social en Cancún seguirá siendo lo mismo de siempre: un cuento bonito, contado por hipócritas con cargo público.

Treinta años de olvido, y todavía hay quien promete “transformar Cancún”, pero el único cambio visible hasta ahora es el modelo de las camionetas oficiales.

#JusticiaSocialDePapel