Salida de EE.UU. de la Unesco: un golpe al multilateralismo y al patrimonio compartido

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La decisión del presidente Donald Trump de retirar a Estados Unidos de la Unesco, prevista para finales de 2026, representa mucho más que un revés diplomático: es una ruptura simbólica con los principios de cooperación cultural, científica y educativa que han sostenido los esfuerzos globales por la paz desde 1945.

La Unesco no es una institución decorativa. Su trabajo abarca desde la protección de sitios patrimoniales como Teotihuacan o Calakmul, hasta la alfabetización, la igualdad de género, la libertad de expresión y la enseñanza del Holocausto. Para México, país estrechamente vinculado a la organización, esta decisión implica una amenaza directa a múltiples proyectos de desarrollo y cooperación.

El argumento presupuestario es débil: si bien la contribución estadounidense representa el 8% del presupuesto de la Unesco, su retiro envía una señal política alarmante sobre el desdén hacia los valores de justicia, paz y conocimiento compartido. La salida también pone en riesgo iniciativas como la Red de Ciudades Creativas o la colaboración con instituciones educativas como la UNAM.

A pesar de este nuevo embate, la Unesco ha demostrado resiliencia: ha reconstruido ciudades destruidas por conflictos, promovido la ética de la inteligencia artificial y llevado educación a zonas de guerra. Su mandato sigue siendo claro: construir la paz en la mente de las personas.

México, a través de su representante Juan Antonio Ferrer Aguilar, debe reforzar su compromiso multilateral, asegurar la continuidad de programas vinculados y levantar la voz en defensa del conocimiento como bien común. Ante el abandono de una potencia, la comunidad internacional debe cerrar filas y reafirmar el valor de una historia humana compartida, protegida con ciencia, cultura y cooperación.