Loïc Meillard aprovecha la desgracia de McGrath y se lleva el oro en el eslalon

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�sta es una historia de triunfo, esperanza, derrota y dolor en una sola pieza. Vayamos con el planteamiento, el nudo y el desenlace. Nevaba copiosamente en Bormio, empa�ando y encogiendo el paisaje, envolvi�ndolo en una claridad lechosa y plana, cuando el noruego Atle Lie McGrath tom� el primero la salida en la primera manga del eslalon ol�mpico.

Obviamente, y aprovechando al m�ximo la calidad virginal de la nieve, estableci� el primer mejor tiempo. Noventa y cinco esquiadores despu�s, demasiados para una competici�n como los Juegos Ol�mpicos, que debe evitar el relleno, segu�a siendo el mejor por delante del suizo Lo�c Meillard, a 59 cent�simas, y el austriaco Fabio Gstrein, a 96.

Cuando, en calidad de l�der, sali� en �ltimo lugar en una segunda manga sin ventisca e incluso con rodales azules en el cielo… tom� una puerta por dentro a los pocos segundos. El drama, como el de Lindsey Vonn en el descenso, m�s bien tragedia en el caso de la estadounidense, no se hizo esperar. McGrath enred� las tablas con el palo de la puerta y se le hundi� todo de golpe. Iracundo hasta perder el control de s� mismo, arroj� los bastones, convertidos en herramientas enemigas a las que repudiar y castigar, todo lo lejos que pudo. Se quit� los esqu�es, cuyo ominoso contacto no pod�a soportar, y, solo y “desnudo”, atraves� la pista en direcci�n al bosque.

Y all�, junto a las protecciones que lo delimitaban, se arroj� boca arriba sobre la nieve, probablemente odi�ndose y sintiendo l�stima de s� mismo, rumiando qui�n sabe qu� pensamientos atropellados. En sumo contraste, all� abajo, Lo�c Meillard, plata en la combinada por equipos y bronce en el gigante, celebraba el oro. Fabio Gstrein, a 35 cent�simas, la plata. Y Henrik Kristoffersen, el otro gran noruego, a 1.13, el bronce. Quim Salarich, 22� en la primera manga, termin� en la decimonovena posici�n. Objetivo cumplido. Felicidades. En su tercera presencia ol�mpica le ha ido mejor que en las otras dos. En Pyeongchang 2018 no termin� la segunda manga. En Pek�n 2022, la primera.

Las condiciones ambientales, a las que Salarich sobrevivi�, condujeron a una enorme “mortandad” entre los participantes en el primer sector. No lo acabaron 52. Entre ellos Lucas Pinheiro-Braathen, el ganador del gigante, una de las estrellas carism�ticas de los Juegos y con una victoria esta temporada en eslalon, en Levi. Tambi�n se qued� en el camino el franc�s Paco Rassat, la revelaci�n de la especialidad, con una victoria en Gurgl y otra en Adelboden. Y no respondi� a las expectativas el franc�s Cl�ment No�l, campe�n en Pek�n’22, que, adem�s, no concluir�a la segunda manga.

La prueba se presentaba bastante abierta. A diferencia del eslalon femenino, que no ha conocido en sus siete citas de la temporada m�s triunfadora que Mikaela Shiffrin, los nueve masculinos han saludado a siete vencedores distintos, incluyendo al propio McGrath, ganador en Alta Badia y en Wengen. La col�rica desesperaci�n del noruego estaba, a sus ojos, justificada. Nadie reun�a tantas buenas cartas como �l. Se hab�a impuesto, como queda dicho, en dos eslalons este curso, lidera la clasificaci�n de la especialidad en la Copa del Mundo y hab�a realizado el mejor tiempo en el primer tramo. Dispon�a de muchos argumentos a su favor. Todos se fueron por la borda.

El mi�rcoles termina el esqu� alpino con la disputa del eslalon femenino. Mikaela Shiffrin, que no obtuvo recompensa alguna en la combinada por equipos ni en el gigante, se enfrenta a la �ltima oportunidad, y la mejor, a tenor de los antecedentes descritos, de salir de estos Juegos con un oro. Seguramente, despu�s de lo visto en la prueba masculina, estar� reflexionando m�s de lo habitual acerca de la delgada frontera que separa la ilusi�n de la decepci�n, lo probable de lo imposible y, en definitiva, el �xito del fracaso.


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