Del 'backflip' al 'dead loop', las piruetas prohibidas del deporte

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Revoluciona Ilia Malinin estos Juegos Olímpicos de Milán-Cortina con esa pirueta hacia atrás que todo el mundo espera ya en sus actuaciones con más ganas que sus siete cuádruples. Estos son más difíciles de ejecutar, pero qué duda cabe que este ‘backflip’ desprende más espectacularidad. Y el estadounidense lo está explotando para el bien de este deporte, pues gana adeptos cada vez que surca el aire hasta que aterriza.

Por el momento le ha valido para coronarse en patinaje y en la modalidad por equipos. Y para hacer de este deporte el más esperado por aficionados y no aficionados. Hoy, en el programa libre individual, podría volver a mostrar al mundo esa destreza (19:00 horas) en la búsqueda de su segunda medalla de oro.

Ha recuperado Malinin esta cabriola que realizó por primera vez Terry Kubicka en un gran escenario como los Juegos Olímpicos de Innsbruck en 1976. Por primera vez y casi por última, porque la pirueta fue prohibida por la Unión Internacional de Patinaje (ISU) a partir de 1977. No hubo desgracias que propiciaran tal veto, pero la organización consideró que podía haberlas y que el riesgo era demasiado para los réditos que otorgaría su ejecución.

Después de que la francesa Surya Bonaly lo hiciera suyo en los 90, con una ejecución limpia, perfecta, impecable y reivindicativa, y el también francés Adam Siao Him Fa le diera un impulso moderno en 2024, la ISU recapacitó y levantó la prohibición, aunque tampoco lo fomenta para evitar accidentes. Así que no es punible, pero tampoco puntuable.

Otros saltos y piruetas deportivas no han obtenido esta gracia popular y organizativa y continúan vetadas. En esta misma modalidad, pero por parejas, están prohibidos los elementos en los que el patinador sujete por el cuello o la pierna en algún giro por posibles caídas. O que la sujete por los pies mientras la patinadora está boca abajo por el cercano contacto con el hielo y las cuchillas.

Pero también hay otros deportes que tienen sus listas negras de movimientos. Es el caso del ‘dead loop’ en el ejercicio de barras asimétricas de gimnasia artística femenina.

El ‘dead loop’ solo se ha visto una vez en una competición internacional y fue en los Juegos Olímpicos de Múnich 72. Su autora, Olga Korbut.

La rusa, de 15 años, había hecho una mala clasificación, así que tuvo que multiplicar la concentración, la eficacia y la dificultad en la ronda final. Y ofreció el salto más peligroso en el ejercicio de asimétricas: se elevó de pie sobre la superior y encaró un salto mortal hacia atrás para volver a agarrar la barra en la caída.

No contenta con eso, continuó el ejercicio con un paso a la barra de menor altura, con una vuelta completa apoyada en el vientre antes de volver a la superior, como si no hubiera hecho un movimiento que heló la sangre de los jueces y dejó sin respiración al pabellón antes de que se sacudiera el temor con una ovación. La nota: un 9,8 sobre 10.

Se llama ‘dead loop’ (‘giro de la muerte’), pero también se bautizó como ‘Korbut loop’ en honor a la gimnasta rusa. No hubo tragedia que implicara este veto, pero sí mucha precaución por los enormes riesgos de la maniobra. Se necesita fuerza, control del cuerpo y tensión, y hay mil escenarios en los que cabe el error, como un agarre a destiempo que provocaría una caída de cabeza.

Aunque sigue prohibido en competiciones oficiales como los Juegos Olímpicos, sí que hay nombres que han homenajeado a Korbut y han ejecutado este giro de la muerte, como las medallistas olímpicas Steffi Kraker (plata en Moscú 80) y Natalia Shaposhnikova (oro en Montreal 76 y en Moscú 80) en algunos torneos o prácticas.

El salto Thomas toma el nombre de Kurt Thomas, quien arriesgó en sus rutinas de suelo con un ejercicio de mucha dificultad y muchísimo más riesgo, pues se basa en un aterrizaje sobre la parte superior del cuerpo para realizar una voltereta sobre el suelo a continuación. Se necesita, por tanto un absoluto control del salto y de la recepción y que conlleva un riesgo absoluto para las cervicales y la espalda.

Le valió al gimnasta para ser el primer estadounidense en ser campeón mundial de gimnasia artística (en 1978 y 1979), y también en conseguir el récord nacional de más medallas en una misma competición, con seis, que igual Simone Biles en 2018. Pero su salto fue prohibido en los años 80 a raíz de diversos accidentes graves. El más relevante, el de la gimnasta Elena Mukhina. La campeona mundial y europea en 1977, 1978 y 1979 se rompió el cuello en una de esas ejecuciones dos semanas antes de los Juegos Olímpicos de Moscú 80, y de cumplir los 20 años, y quedó tetrapléjica.

Por este mismo motivo de posibles lesiones graves en el cuello y la espalda «no se permiten elementos que impliquen un mortal y medio con caída sobre las manos y luego rebotar», ni cualquier ejercicio que termine en rodar por el suelo en lugar de terminar de pie, por la presión en la columna.

En la modalidad de potro el salto mortal para aterrizar sobre el elemento está penalizado por la peligrosidad que supone un aterrizaje inseguro.

Y no está prohibido del todo, pero sí que se puntúa con baja nota parte del ejercicio bautizado como «The Biles», que creó Simone Biles en un salto del potro. Al ser un nuevo elemento, la Federación Internacional de Gimnasia tuvo que otorgarle una puntuación, que fue a la baja, para sorpresa de la propia gimnasta. Aunque en 2021, la estadounidense comprendió que el riesgo de su disciplina, al sufrir los vértigos que la dejaron sin medalla en aquellos Juegos de Tokio. «Al asignar valores a los nuevos elementos, el WTC considera diversos aspectos: el riesgo, la seguridad de las gimnastas y la dirección técnica de la disciplina. Existe un riesgo adicional en la caída de los dobles mortales para los aterrizajes de barra (con o sin giros), incluyendo una posible caída sobre el cuello», explicó la organización para proteger a las gimnastas. Como con el ‘backflip’, la seguridad prima por encima del espectáculo.


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