El ser humano está jugando a ser Dios. Una cosa es la inteligencia artificial o la ingeniería genética, pero esto ya traspasa todos los límites. O bikini o panettone, mezclar las dos cosas en un solo producto es una provocación a las leyes naturales. Las consecuencias de seguir fabricando un alimento así son impredecibles y ha llegado el momento de prohibir semejante aberración. Muy rico, por cierto.
Este año, para quemar el turrón habrá que recibir un permiso especial del Ayuntamiento. Los que quemen el turrón sin permiso se enfrentan a sanciones de hasta dos años de cárcel. Debido a esto, miles de catalanes llevan días siendo incapaces de ir al gimnasio o a salir a correr, de hecho, están comiendo más turrón por la incapacidad de salir a quemarlo. Esperemos que se agilicen las gestiones.
Esta semana, un vecino ha encontrado petróleo en la playa de la Barceloneta, pero ha decidido callárselo por miedo a la reacción de Trump. Este héroe anónimo ha salvado la democracia catalana y decenas de vidas con su pequeño gesto. Aunque muchos le han preguntado dónde estaba ese petróleo, se ha negado a dar más información y se ha limitado a emborracharse en un bar como todos los de ese barrio.
Rubén ha estado dando su opinión sobre lo que ha pasado en Venezuela cuando no ha estado en Venezuela en su vida. Yo sí puedo darla porque hace once años viajé a Caracas y estuve allí dos semanas, lo que me otorgó unos conocimientos especiales sobre el país. Yo conozco la verdad del país caribeño porque me bañé en sus playas y me hospedé en uno de sus hoteles. Así que Rubén te toca callar y escuchar.
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