¿Existe oposición en México? Desde el discurso oficial se insiste en que está “moralmente derrotada”. Sin embargo, en los pasillos políticos, en cafés y desayunaderos donde se cruzan periodistas, analistas y legisladores, el tema siempre está sobre la mesa.
La realidad es que esa oposición, que muchos daban por inexistente, comienza a convertirse en un dolor de cabeza para los gobernantes de la 4T.
Un ejemplo es la senadora Lilly Téllez, quien se ha convertido en una de las voces más críticas contra los morenistas, enfrentando directamente al polémico presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña.
Otro episodio reciente ocurrió en San Lázaro, donde los “duros” de Morena se opusieron a que el PAN asumiera la presidencia de la Mesa Directiva con Kenia López Rabadán, pese a que la ley le otorga esa posición como segunda fuerza parlamentaria. ¿Miedo a la crítica o temor a perder control?
El ex candidato presidencial Ricardo Anaya también volvió al escenario con fuerza, acusando al expresidente Andrés Manuel López Obrador de “huachicol fiscal”. De inmediato, Adán Augusto López Hernández respondió con sarcasmo, sugiriendo que sólo un milagro podría darles la razón.
Desde Palacio Nacional, la presidenta también arremetió contra Anaya:
“Que primero explique por qué se fue seis años del país y regresó como plurinominal, sólo con fuero”, sentenció.
Este intercambio dejó claro que basta una mínima crítica para encender a los defensores de la 4T, repitiendo errores del pasado. Como con Vicente Fox, cuya obsesión con López Obrador terminó catapultando al tabasqueño hasta la Presidencia.
Ahora el riesgo es el mismo: una oposición que parecía debilitada, pero que empieza a encontrar oxígeno. Con el regreso de Ricardo Anaya, esa oposición, aunque fragmentada, parece revivir.




