¿Qué espera la Fiscalía de Quintana Roo? ¿Un feminicidio más?

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El nombre del agresor es Arturo Antonio Aguirre Moreno. Que quede claro. No es un presunto, no es un desconocido, no es una víctima de linchamiento digital. Es el agresor de una joven en Quintana Roo, un hecho que fue expuesto públicamente por el diputado Sergio Mayer, luego de que la Fiscalía General del Estado decidiera mirar hacia otro lado.

Por Luis Mis

Y en ese silencio institucional, en esa complicidad por omisión, se esconde la pregunta que muchas mujeres en México ya no quieren hacerse, pero que la realidad impone con brutalidad: ¿qué está esperando la autoridad? ¿Que este tipo la mate?

 

Porque eso parece. A pesar de las denuncias, a pesar de la evidencia, a pesar de la exposición pública hecha desde una tribuna oficial, la Fiscalía ha optado por la inmovilidad, la omisión o, peor aún, la protección. ¿Por qué? ¿Porque el agresor pertenece a una familia con dinero e influencias en el ramo turístico? ¿Porque el apellido pesa más que la vida de una mujer?

Lo verdaderamente grave no es solo el acto de violencia —que de por sí ya debería encender todas las alarmas— sino la inacción institucional que lo permite. Quintana Roo se ha llenado de discursos contra la violencia de género, de programas pintados de rosa, de campañas con rostros sonrientes de funcionarias que prometen “ni una menos”. Pero cuando una joven alza la voz y denuncia a su agresor, el sistema la deja sola. ¿Para qué sirven las fiscalías especializadas si no protegen a las mujeres antes de que se conviertan en cifra?

Hoy, lo que se exige no es venganza ni linchamiento. Se exige justicia. Se exige que Arturo Antonio Aguirre Moreno enfrente el peso de la ley como cualquier ciudadano violento y peligroso debería hacerlo, sin privilegios, sin influencias, sin que su entorno económico lo convierta en intocable.

A la Fiscalía le toca actuar ahora, no después de una tragedia. Porque si algo le sucede a esa joven —a quien ya le falló el sistema— los responsables no serán solo sus agresores, sino también quienes decidieron cruzarse de brazos cuando más se les necesitaba.

En este país, donde cada día son asesinadas más de 10 mujeres, esperar es ser cómplice. No hay excusas. No hay matices. La justicia que no actúa a tiempo, no es justicia: es abandono.